Entre 1995 y 2005 el volumen de comercio en transformados de patata pasó de cinco millones de toneladas a más de 10. Igualmente el valor de estas transacciones se duplicó desde 2.000 millones de dólare s hasta casi 4.000.
El valor de la patata en fresco no llegó a los 2.500 millones de dólares y su volumen fue ligeramente inferior a 10 millones de toneladas.
Estas cifras relativas al comercio ponen de manifiesto otra tendencia clara del sector: en los países desarrollados el consumo de patatas frescas disminuye desde hace más de una década. La fuerte demanda de alimentos fast-food, snacks y productos preparados, permite que la industria del procesado crezca cada año. El motivo: los cambios sociales producidos a raíz del gran crecimiento de las poblaciones urbanas, en las que cada vez, hay menos tiempo para la cocina.
Respecto a la producción hay que señalar que los países desarrollados, particularmente en Europa, han disminuido sus cultivos en una media de un 1% durante los últimos 20 años. Por el contrario, los países en vías de desarrollo mantienen un incremento de un 5% cada año, principalmente en China e India.
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Son precisamente estos dos países, los que en la actualidad ya acaparan el 30% de la producción mundial (China con un 22% e India con un 8%). La U.E., que en 1994, poseía una cuota productiva mundial del 29%, bajó hasta el 20% en 2005. Con toda probabilidad, si estos datos fueran analizados a fecha de hoy, aún serían inferiores. Si la tendencia continua, en sólo dos décadas más, el cultivo en los países en vías de desarrollo superará al de los países desarrollados en un 20%.
Políticas comerciales
Los derechos de importación ad valorem se utilizan para proteger los mercados interiores de la patata fresca. Entre estas políticas restrictivas figuran las medidas sanitarias y fitosanitarias y los obstáculos técnicos al comercio. Las tasas de consolidación de los convenios por la Organización Mundial de Comercio varían considerablemente. La patata constituye un ejemplo clásico de la “progresividad de los derechos”, donde los países importadores protegen las industrias de transformación, y el producto transformado posee derechos más elevados que la propia materia prima.
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