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La patata que divide a Europa

El mayor grupo químico del mundo, BASF, desea que la Comisión Europea apruebe el cultivo y el uso industrial de su patata transgénica, Amflora. Pero el escenario europeo se presenta dividido.

 

Mientras que España ve con buenos ojos que la Comisión apruebe la variedad transgénica, otros países como Alemania, Austria, Letonia y Dinamarca se oponen e impiden el pacto.

El tubérculo de BASF está diseñado para que su almidón sea más resistente y se pueda utilizar mejor en la industria. Los técnicos de la multinacional alemana llevan muchos años trabajando en esta patata. Amflora es una patata a la que se le inactiva el gen que sintetiza la amilosa. La amilosa supone alrededor del 25% del almidón. El resto es otro compuesto, la amilopectina, mucho más útil para fabricar pasta de papel o para utilizar las fibras del almidón en la industria textil. Este almidón tiene cada vez más uso como sustituto del plástico. Con el procedimiento normal, las máquinas extraen y lavan la amilosa. Con la patata transgénica este procedimiento se ahorra.

Si todo llega a buen puerto, la multinacional alemana, prevé unos ingresos de entre 20 y 30 millones de euros anuales y espera que proporcione un valor añadido de 100 millones de Europa de euros al año a la industria del almidón y a los agricultores europeos.

En febrero de 2006, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria concluyó que Amflora no suponía un riesgo mayor para los humanos, animales y el medio ambiente que las patatas convencionales. Por su parte, la Agencia Española ya le ha dado el visto bueno. Sin embargo, grupos ecologistas como Greenpeace señalaron que “nadie puede calcular las consecuencias de esta intromisión en la salud y en el medioambiente”

 

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